miércoles, 30 de julio de 2014

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (A)



3-VIII-2014                           XVIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (A)
ORACION (I)
Homilía en vídeo. HAY QUE PINCHAR EN EL ENLACE ANTERIOR PARA VER EL VIDEO. Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
Ya en otras ocasiones he hablado de la oración, pero veo conveniente repetir lo dicho entonces. Lo que diré a continuación no está cogido de los libros, salvo de la Biblia, sino de mi propia experiencia y de la experiencia de otras personas. Cada uno debe descubrir su propio camino de oración (el que Dios nos ha marcado para cada uno), aunque el camino de los otros nos puede servir de orientación. Además, toda vida cristiana y religiosa, o está fundada en la oración o no es vida cristiana ni religiosa. Y es que la oración es el medio ordinario de comunicación con Dios. Nadie puede ser cristiano sin una oración diaria, tranquila, seria, reposada, de escucha... Una vida cristiana sin oración se convierte en una ideología o en unos ritos vacíos o en la más espantosa de las mediocridades.
            El evangelio nos presenta a Jesús continuamente orando, de noche y de día. Antes de hacer algo importante Jesús oraba: * oró 40 días antes de iniciar la vida pública, * oró en el Bautismo (Lc. 3, 21), * oró antes de elegir a los doce apóstoles (Lc. 6, 12), * oró antes de enseñar el padrenuestro (Lc. 11, 1), * oraba después de un día agotador de trabajo apostólico, * oraba antes de iniciar otro día agotador de trabajo apostólico, * oró en la transfiguración (Lc. 9, 29), * oró en Getsemaní antes de su pasión, etc.
Cristo dice que Él es el camino, la verdad y la vida, que nadie va al Padre si no es por Él. Pues bien, para llegar a Dios Padre tenemos que hacerlo a través de Cristo, pero para llegar a Cristo hemos de hacerlo a través de la oración (junto con otras cosas: Biblia, sacramentos, amor a los prójimos y a los enemigos, etc.). La oración nunca puede faltar. Esto lo sabían los santos y en todos ellos encontramos la oración. Por ejemplo, en los conventos de carmelitas de Sta. Teresa de Jesús hay una frase que dice: “En esta casa hablamos con Dios o de Dios”.
            Antes de empezar a deciros cosas prácticas sobre la oración hemos de conocer algunas premisas muy importantes y hemos de procurar en nosotros mismos unas actitudes, sin las cuales no podrá haber auténtico contacto con el Señor a través de la oración. 
            PREMISAS:
            1) Se ha de distinguir entre rezar y orar: *Rezar consiste en la recitación de plegarias compuestas por otros como el Ave María, el Padre Nuestro, el Rosario, el Credo… En estos casos –en que rezamos- hemos de procurar que nuestra mente marche al unísono con lo que dicen nuestros labios, y que nuestro corazón marche al unísono con lo que dicen nuestros labios y lo que piensa nuestra mente. Es lo que se conoce por rezar con atención y con devoción. * Por otra parte, orar puede entenderse como el diálogo que tenemos con Dios a través de nuestras propias palabras en que comentamos nuestras cosas a Dios, o le pedimos, o le damos gracias, o le alabamos, o meditamos sobre algo que hemos leído o sobre algo que nos ha pasado, pero sobre todo hemos de tener en cuenta que… (pasamos al segundo punto)
2) …la oración no es algo que se hace, sino que se recibe… de Dios. Ir a la oración es ponerse a mendigar, a pedir (“El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues nosotros no sabemos orar como es debido, y es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros con gemidos inefables” [Rm 8, 26]). Yo no oro, es Él quien ora en mí. La oración auténtica y plena es la que Dios mismo nos da. Él ya sabe todo lo nuestro; no tendríamos que decirle nada, no tendríamos que pedirle nada. Nosotros no sabemos, Él sí sabe, por eso tenemos que escucharlo. La oración es sobre todo escucharle a Él, es recibir de Él. Lo dicho en el punto primero es preparatorio para este segundo punto: rezamos, meditamos, pedimos y damos gracias para preparar nuestro espíritu, para sosegar nuestro ser: nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu para recibirlo a Él. Por eso, caminamos en la verdadera oración cuanto más callamos, cuanta más capacidad de silencio y de recogimiento tenemos.  callamos, cuanto m la verdadera oraci cuerpo, nuestra mente y nuestro espos gracias para preparar nuestro espamos o
3) Hemos de orar en todo momento, o por mejor decir, hemos de recibir y estar abiertos a la oración (de Dios) en todo momento, incluso cuando dormimos. Al principio la haremos unos determinados minutos, pero, cuanto más inserta está la oración en nuestra vida, más nos daremos cuenta que brota de nosotros y en nosotros en cualquier momento.
            ACTITUDES:
            1) Una de las actitudes que debe tener el orante es la constancia. Importa ponerse en oración todos, todos los días, aunque sea simplemente unos minutos, aunque sean dos minutos. Con la constancia lograremos habituar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu a un orden, y lo someteremos a nuestra voluntad para no ser esclavo de nuestros impulsos de pereza, de desidia… de los pecados capitales. Posteriormente someteremos nuestro entero ser a Dios.
            2) Otra actitud necesaria es la confianza. Vemos que ésta es muy importante en la oración de Jesús: su certeza total y absoluta de ser escuchado (Mt. 7, 7-11)[1]. Esta certeza es fuente, origen y condición de la oración. Aquel que no confía en ser escuchado no ora. Jesús confiaba totalmente en esta escucha de su Padre y por ello oraba.
            3) La esperanza es condición para orar, es actitud necesaria para orar, pero también es fruto de la misma oración. Los judíos llaman a Dios Adonai: Señor, Elohim: el Otro, Yahvé: Yo soy el que soy, el que existo. Los judíos tenían y tienen miedo a Dios. No pueden ver su rostro, porque si no se mueren (película de Indiana Jones y el Arca perdida en una escena al final en que mueren todos los que no cierran los ojos al abrir el Arca de la Alianza). Pero Jesús nos enseña que Dios es papá, papaíto, papi querido. Jesús se sentía profundamente Hijo de Dios y con confianza oraba, se comunicaba con El. En el tiempo que vivió en Nazaret oculto, muchas veces se apartaba a los montes cercanos a orar en soledad y allí fue descubriendo que Dios no es el terrible, sino el papá, su papá. Por eso, para nosotros, los cristianos, Dios es Padre, papaíto. Esto no es una idea, esto hay que sentirlo en la propia carne. Hay que sentirse querido por Dios. Hasta que uno no perci­be esto no puede orar ni ser auténtica y profundamente cristiano. Por todo ello, el cristiano que sabe que Dios es Padre vive en la esperanza radical de la bondad de este mundo, de un mundo nuevo (Reino de los cielos) que vendrá, de que el amor divino lo transforma todo y es todopoderoso.
            4) La humildad es la última actitud en la que hoy voy a fijarme. No puedo ir ante Dios de igual a igual. Él es Dios, yo soy criatura caduca; Él es rico en bondades, yo soy pobre y miserable; Él es santo, yo soy pecador; Él es Padre, yo soy hijo; Él ama, yo soy amado y enseñado a amar.

[1] “Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y os abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren. ¿Acaso si alguno de vosotros su hijo le pide pan le da una piedra?; o si le pide un pez, ¿le da una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!”