sábado, 26 de septiembre de 2009

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (B)

27-9-2009 DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO (B)
Nm. 11, 25-29; Sal. 18; Sant. 5, 1-6; Mc. 9, 38-43.45.47-48

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Queridos hermanos:
- Como sé un poco de alemán, en diversas ocasiones varias parejas jóvenes de españoles y alemanes me han llamado en Oviedo para celebrar sus bodas. Se trataba de chicos españoles y alemanes que se conocían, enamoraban y decidían casarse. Normalmente eran los españoles quienes dejaban su país, su trabajo, sus amigos, sus costumbres, sus familias… para irse a Alemania de forma definitiva. Aunque se van con la persona amada, renunciar a todo eso supone un gran sufrimiento, desazón, incertidumbre, pero lo hacen porque aman y son amados. Quizás algunos de vosotros hayáis tenido que hacer esto y podéis comprender lo que estoy diciendo.
Esta introducción viene a tratar de explicar algunas afirmaciones del evangelio de hoy: “Si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado al abismo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado al abismo, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga”. Estas frases siempre me han sorprendido y me han parecido durísimas, pero puedo entenderlas en el sentido de lo que he contado al inicio de la homilía. Y es que seguir a Jesucristo es con mucho lo mejor que alguien puede hacer en el mundo y en su vida. Así lo dice el salmo de hoy: “La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma”. Bien, ¿qué estamos dispuestos a hacer por Dios, por Jesús? ¿A qué estamos dispuestos a renunciar por El? En palabras de Jesús: ¿Quiero estar por toda la eternidad, empezando ya ahora mismo, con El o quiero estar lejos de El? Por su amor, ¿estoy dispuesto a renunciar a lo que El me pida? ¿Prefiero entrar en el cielo cojo, tuerto, manco o prefiero entrar “enterito” en el infierno? Porque lo uno o lo otro lo vamos fabricando nosotros mismos ya, aquí y ahora: es decir, yo estoy entrando ahora entero (con mis deseos, gustos, opiniones, voluntades) en el infierno; o yo estoy entrando “no entero” (cojo, manco, tuerto) en el cielo, cuando renuncio a lo que me conviene, a lo que me gusta…, pero que es totalmente contrario a Dios y a su evangelio. Pero sucede algo sorprendente, y es que los más “cojos, tuertos y mancos”, para este mundo que nos rodea, son en realidad los más enteros, como Teresa de Calcuta, San Francisco de Asís, el santo cura de Ars…, y lo más enteros, para este mundo que nos rodea, están en realidad “mancos, cojos y tuertos”. Sólo en Dios estamos de verdad enteros. Sólo sin Dios nos faltan tantas cosas.
- También voy a detenerme hoy en la segunda lectura, la cual igualmente es muy fuerte: “Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará a vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos. Mirad; el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres”. Esta semana supe la noticia de un hombre de 51 años, el cual tenía una pequeña empresa dedicada a la construcción con varios obreros. Alguien había conseguido un contrato para construir o remodelar una casa cuartel de la Guardia Civil y subcontrató la obra al hombre de 51 años. A este, el que había conseguido el contrato, le hizo una primera entrega en efectivo a cuenta, como pago de la obra. Y más tarde, cuando la obra estaba casi finalizada, le entregó un pagaré (o algo parecido) a cobrar en 90 días. Pero el dinero realmente no apareció nunca. Este señor de 51 años había pedido un crédito para afrontar los gastos de materiales y mano de obra avalando todo con su casa y el resto de sus bienes. Total, se quedó sin nada: sin casa, sin coche, sin empresa, sin trabajo… Ahora logró un empleo, creo que con esto del Plan E, como oficial de la construcción. Esto sólo es un ejemplo de otros muchos que se han dado y se dan por toda la geografía de España. Y yo me pregunto: ¿qué será el día de mañana de los que engañaron a este señor y lo arruinaron y echaron a la calle a él y a varias familias que dependían de su empresa? Los que engañaron y robaron de esta manera, ¿pueden comer tranquilos el alimento que han arrebatado mediante engaños a otros, o vestirse con los vestidos de otros, o irse de vacaciones a costa de la vida de otros? Pienso que en ese ladrón o ladrones se cumplirán las palabras de Dios contenidas en la carta de Santiago: “Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados […] Mirad; el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando”.
Sin embargo, no podemos ni debemos detenernos aquí. Pues este ejemplo que acabo de poner puede parecer claro para todos nosotros, pero Dios nos pide que miremos más profundamente y nos preguntemos si nosotros somos quienes hemos sido engañados, como el hombre de los 51 años, o si hemos sido de los que han engañado y robado y nos hemos aprovechado de otros. Es muy fácil echar las culpas a otros, y decir: “yo no he hecho eso”. Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro. Voy a poner un ejemplo para que nos quede más claro: En la revista que elabora Manos Unidas (Campaña contra el Hambre) de febrero de 2009 vi una breve noticia que decía así: “Cada kilo que se extrae de coltán, mineral de alta conductividad usado para las principales comunicaciones en nuestro siglo, cuesta la vida a dos niños. Con edades entre 7 y 10 años, se les paga 0,25 € al día, trabajan en yacimientos angostos, donde sólo ellos pueden entrar y, con excesiva frecuencia, son víctimas de los desprendimientos que les dejan enterrados”. Investigué y supe que el Congo es donde se produce el 80 % de coltán. Es utilizado en casi la totalidad de dispositivos electrónicos: teléfonos móviles, GPS, satélites artificiales, armas teledirigidas, televisores de plasma, videoconsolas, ordenadores portátiles, PDAs, MP3, MP4... Prácticamente la totalidad de los dispositivos electrónicos actuales incorporan en mayor o menor cantidad condensadores electrolíticos de tántalo, que se extrae del coltán. Aunque la mayoría de los dispositivos electrónicos pueden funcionar con condensadores electrolíticos normales, los condensadores electrolíticos de tántalo tienen valores de capacidad eléctrica más exactos, soportan mayores temperaturas y son muchísimo más pequeños. Esto los hace ideales para las exigencias actuales de miniaturización de los dispositivos electrónicos que usamos habitualmente.
No os digo nada más por hoy. Oremos en el silencio de nuestro corazón sobre todo esto y que el Espíritu nos ilumine, que Jesús nos perdone nuestros robos y asesinatos, y que Dios Padre nos ayude a cambiar de forma de vida.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Domingo XXV del Tiempo Ordinario (B)

20-9-2009 DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO (B)
Sb. 2, 12.17-20; Sal. 53; Sant. 3, 16-4, 3; Mc. 9, 30-37

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Queridos hermanos:
- Al inicio del evangelio de hoy hemos escuchado cómo Jesús decía a sus discípulos: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará”. Con estas palabras Jesús anuncia lo que va a pasar con él y lo que le van a hacer. Asimismo en la primera lectura se dice: “Sometamos al justo al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará”. El martes pasado celebrábamos Nuestra Señora de los Dolores; en la Liturgia de las Horas, concretamente en el oficio de lectura de ese día leíamos unas palabras de san Bernardo: “El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. ‘Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María– una espada te traspasará el alma’. En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal”.
Recuerdo haber escuchado hace tiempo la siguiente anécdota del Papa Pío XII. Sucedió que hacia 1956 hubo en el Vaticano una concentración de jóvenes de Acción Católica. Tuvieron una audiencia con el Papa y en un determinado momento los jóvenes empezaron a gritar que estarían dispuestos a dar su sangre por la fe en Cristo. A lo que el Papa les respondió que el martirio de sangre estaba destinado para muy pocos, pero que se conformaba que todos ellos fueron “mártires de la perseverancia”. Es decir, que con el transcurrir de los años, con los achaques de la edad y los problemas de la vida, ellos siguieran siendo fieles a Cristo Jesús. Esto es lo que significaba ser “mártir de la perseverancia”. ¿Cuántos de aquellos jóvenes que gritaban enfervorizados al Papa en 1956 habrán perseverado en su fe? Esta realidad la experimentamos en nuestras propias carnes. En un determinado momentos somos capaces de decir o hacer cualquier cosa por Dios y por la Iglesia. Lo difícil es mantener eso a lo largo de los años y de la vida, y en toda clase de circunstancias.
- Las palabras anteriores me sirven para hablaros hoy del martirio. El término “mártir” originariamente significaba “testigo”. Pero en la terminología teológico-cristiana este mismo término, ya desde los SS. II-III, designaba a una persona que había dado testimonio en favor de Cristo y de su doctrina con el sacrificio de su vida. Este uso está ya atestiguado en el NT (Hch. 22, 20; Ap. 2, 13; 6, 9; 17, 6). Es decir, en la Iglesia se dio una restricción del significado de “mártir”. En el S. IV se distingue entre confesor de la fe y mártir de la fe: los primeros son los que han sufrido por la fe, pero sin llegar a la muerte y lo segundos son aquellos que han dado su vida por la fe hasta la muerte. En el Catecismo de la Iglesia se dice: "El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa el testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza".
Algunas características del martirio:
1) “Martirio” designa la muerte de un cristiano sufrida por la fe.
2) Cuando se dice “morir por la fe”, se puede tratar de la fe en toda la Revelación, en un dogma particular, o también por negarse a faltar contra un mandamiento (por ejemplo, contra la justicia o contra la castidad [carmelitas de Guadalajara en la guerra civil española]).
3) El martirio de los cristianos está enteramente basado en la muerte de Cristo y en su significado. El martirio es don de Dios antes que acción del cristiano. Nadie puede ser mártir, dar la vida por Dios y por su fe, si El no se lo concede. La fe y todo lo que ella conlleva no se basa en nuestras propias fuerzas, sino en Dios.
- Después de dicho todo esto, quisiera decir algunas palabras sobre la idea expresada por Pío XII. Efectivamente, muy pocos de nosotros vamos a dar nuestra vida física, nuestra sangre por la fe en un martirio como se ha descrito más arriba, pero lo que Dios nos pide ahora a todos nosotros es el “martirio de la perseverancia”. Recordad que mártir significa testigo. Por tanto, hemos de estar dispuestos a dar testimonio de Cristo con nuestra muerte y con nuestra vida, con nuestras palabras y con nuestras acciones. Veamos esto de un modo más claro:
- Ante tanta desidia y abandono de la fe y del amor a Cristo y a su Iglesia, nosotros hemos de ser fieles por encima de perezas, cansancios, ridículos, apatías, incomprensiones… Cristo siempre es fiel con nosotros. Unos ejemplos sencillos: ¿Por qué, cuando se va de vacaciones con amigos o se sale un fin de semana, si hay alguno no creyente, se pierde por parte de los creyentes la Misa o no se dice nada de ir a Misa en domingo? ¿Por qué, cuando se casa un joven creyente con uno no creyente o no practicante, el primero deja su práctica religiosa y tiene más fuerza el segundo, por qué arrastra más el segundo?
- Ante tanta cobardía y egoísmo donde cada uno va a lo suyo, un cristiano debe ser valiente para defender a Dios, a su Iglesia y a los más débiles… sin importarle las consecuencias negativas para sí de sus actos.
- Ante tanta falta de honestidad, un cristiano ha de ser honrado con lo suyo y con lo de los demás, en la calle y en la empresa en donde trabaja. Recuerdo que hace tiempo a un cristiano le propusieron para que se pusiera como encargado al frente de un supermercado de la empresa. Enseguida le vinieron a ofrecer comisiones sustanciosas, si compraba tales productos y no otros. A lo que el cristiano contestó que la comisión que iban a darle a él, lo rebajaran del precio del producto y, por supuesto, no aceptó dicha propuesta.
- Ante tanta ira y falta de perdón, un cristiano debe ser un hombre de paz y de perdón constante. Esto se debe dar en las relaciones familiares, laborales, a la hora de repartir los bienes de una herencia, etc.
Tener este tipo de actuaciones y por amor a Cristo y conforme a lo que pide la conciencia supone para mucha gente un sufrimiento, un perder fama, dinero, tiempo, sueño, etc. Recordemos lo que os leía al principio de la homilía del evangelio y de la primera lectura. Quien hace en su vida todo lo que acabo de decir y otras cosas, se convierte en un mártir o testigo de la fe en Jesucristo. Y necesitamos en el día de hoy a muchos testigos. Además, hemos de recordar las palabras de Tertuliano, cristiano de los primeros siglos: "Cada vez que nos matan nos hacemos más numerosos; la sangre de los cristianos es una semilla de nuevos cristianos".

lunes, 7 de septiembre de 2009

Santina de Covadonga (Natividad de la Virgen)

8-9-2009 SANTINA DE COVADONGA (B)
Miqueas 5, 1-4a ó Romanos 8, 28-30 / Mateo 1, 1-16.18-23
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Queridos hermanos:
En este año 2009 se cumplen veinte años de la estancia del Papa Juan Pablo II en el santuario de Covadonga. En efecto, aquel verano de 1989 el Papa estuvo en Asturias y quiso visitar la casa de María, la cueva de Covadonga. Entonces Juan Pablo II en la Misa que celebró allí predicó unas palabras, que están de plena actualidad. Voy a ir destacando varias frases de su homilía que a mí me han llegado al espíritu y pienso que también os pueden servir a vosotros:
- Me parece que ya os conté en varias ocasiones que a mí me costó conseguir el regalo de la fe, la devoción y el amor a la Virgen María, Madre de mi Señor Jesucristo. Este regalo lo obtuve de parte de Dios casi al mismo tiempo que mi ordenación sacerdotal. Por eso, porque a mí me costó tanto el descubrir la fe y el amor a la Virgen, sufro cuando alguna persona de fe me dice que tiene a la María un poco alejada de su corazón y de su devoción. Por eso mismo me llegaron al corazón las palabras del Papa cuando, hace 20 años, dijo: “la presencia de María es garantía de la autenticidad de una Iglesia en la que no puede estar ausente la Madre de Jesús”. En verdad yo creo que una persona que no ha descubierto la importancia de María en su vida de fe es que aún tiene en la penumbra parcelas importantes del evangelio. Yo no he visto a ningún santo que no ame a María, pero esto, como todo, es don de Dios. Por ello entiendo perfectamente cuando el Papa dice que la Madre de Jesús no puede estar ausente de la Iglesia y de los creyentes.
- En otro momento de su homilía dijo Juan Pablo II: “Para poder anunciar esta verdad acerca de la Madre del Redentor es necesario recorrer el admirable ‘itinerario de la fe’ […] En el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha declarado que la Virgen, Santa Madre de Dios, admirablemente presente en la misión de su Hijo Jesucristo, “precedió” a toda la Iglesia en el camino de la fe, de la esperanza y de la perfecta unión con Cristo (cf. Lumen gentium, 58)”. El sábado celebré la boda de unos amigos. En el banquete comí al lado de un jesuita, también invitado a la boda, que está de director en un colegio mayor de aniversarios en Santiago de Compostela. Nos contaba este jesuita las experiencias tan ricas que ha vivido y escuchado de jóvenes y no tan jóvenes que han hecho el Camino de Santiago. El mismo ha hecho el Camino en 5 ocasiones y, además, acompañado de jóvenes; este jesuita ha sido testigo de vivencias maravillosas: decía que una cosa es convivir con jóvenes en un colegio durante un curso y otra muy distinta estar 15 ó 20 días caminando, soportando frío y calor, sed, cansancios, agujetas, dolores, dormir poco y mal, comer de cualquier manera… Particularmente nos contaba la experiencia de una chica danesa, protestante, que al acabar el Camino de Santiago quería confesarse con toda urgencia y lo hizo con este jesuita. Ella hablaba danés e inglés. El jesuita no hablaba inglés. Total, que tuvo que estar otro chico presente haciendo de intérprete de lo que decía la chica y traduciéndoselo al jesuita. Tiempo después este chico aún comentaba el “schock” que le produjo aquella confesión y la experiencia de cambio y de conversión a la fe que narró la chica.
Os cuento todo esto, porque a mucha gente le está ayudando en su encuentro con Dios hacer el Camino de Santiago. No es un acto de gimnasia, no es turismo; es una auténtica peregrinación. El Papa nos decía que la Virgen María también hizo su itinerario de fe, su camino de fe, su peregrinaje de fe, que no es otra cosa que ir detrás de Jesucristo dejando de lado todo lo que no es Jesús. Ella fue la primera que hizo este camino de fe. Ella nos precedió a nosotros, la Iglesia, en este caminar tras su Hijo Jesús. Veamos el peregrinaje de María: 1) Su Hijo la llevó a visitar a Isabel su prima y tuvo que ir dejando atrás sus miedos a atravesar montañas y caminos solitarios con una criatura a su vientre. 2) Su Hijo la llevó a Belén para dar a luz en un lugar insano y expuesta a la furia asesina de Herodes. 3) Su Hijo la llevó a Egipto, a un lugar desconocido y con una lengua desconocida. 4) Su Hijo la llevó a estar angustiada por Jerusalén buscándolo, cuando él se quedó allá con los doctores de la Ley sin haber avisado a sus padres. 5) Su Hijo la llevó durante 3 años por todo Israel cuando él predicaba y curaba. 6) Su Hijo la llevó al monte Calvario para verlo sufrir torturado y morir como un perro, solo y abandonado… Este fue el “Camino de Santiago” que María hizo en su vida. ¿Cuál es el nuestro? También nosotros tenemos un camino y un peregrinaje de fe, como nos dijo el Papa Juan Pablo II. Repasemos un poco nuestra vida: ¡Cuántos tumbos, cuántas caídas, cuántas pérdidas de tiempo en cosas inútiles, cuántos momentos felices con Dios y con otros hermanos! Todo ello forma parte de nuestro “Camino de Santiago”. La Virgen lo hizo antes que nosotros, pero también lo hace ahora con nosotros. ¿No lo notáis?
- No me resisto a terminar esta homilía sin las palabras finales del Papa en su homilía de hace 20 años. Unas palabras preciosas: “Covadonga, a través de los siglos, ha sido como el corazón de la Iglesia de Asturias. Cada asturiano siente muy dentro de sí el amor a la Virgen de Covadonga […] Por eso, si queréis construir una Asturias más unida y solidaria no podéis prescindir de esa nueva vida, fuente de espiritual energía, que hace más de doce siglos brotó en estas montañas a impulsos de la Cruz de Cristo y de la presencia materna de María. ¡Cuántas generaciones de hijos e hijas de esta tierra han rezado ante la imagen de la Madre y han experimentado su protección! ¡Cuántos enfermos han subido hasta este santuario para dar gracias a Dios por los favores recibidos mediante la intercesión de la Santina! La Virgen de Covadonga es como un imán que atrae misteriosamente las miradas y los corazones de tantos emigrantes salidos de esta tierra y esparcidos hoy por lugares lejanos. ¡Cuántos peregrinos han encontrado aquí la paz del corazón, la alegría de la reconciliación, el perdón de los pecados y la gracia de la renovación interior! De esta manera la devoción a la Virgen se convierte en auténtica vida cristiana, en experiencia de la Iglesia como sacramento de salvación, en propósitos eficaces de renovación de vida”.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (B)

6-9-2009 DOMINGO XXIII TIEMPO ORDINARIO (B)
Is. 35, 4-7a; Sal. 145; Sant. 2, 1-5; Mc. 7, 31-37

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Queridos hermanos:
Como siempre, después de haber escuchado atentamente las lecturas que Dios, a través de su Iglesia, nos regala hoy, vamos a profundizar y a sacar consecuencias de la Palabra divina:
- El último sábado de agosto bauticé a la hija de unos amigos, Carolina. Al ir realizando los ritos sacramentales explicaba el significado de los mismos (ya una vez lo hice aquí también). El último rito prescrito en el libro litúrgico del Bautismo se llama “Effetá”, y está tomado del evangelio de hoy. En efecto, el rito consiste en que el sacerdote toque con su dedo pulgar los oídos y la boca del niño, mientras dice: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén”. Es decir, se pide a Dios que los niños recién bautizados vayan escuchando a través de sus oídos cosas de Dios y la Palabra de Dios de labios en primer lugar de sus padres, pero también de sacerdotes y de otros cristianos. Recuerdo que un cura amigo me decía que su madre le cantaba a él y a sus hermanos, cuando muy pequeños, a modo de nana la canción de Santa Teresa de Jesús: “Véante mis ojos, dulce Jesús bueno; véante mis ojos, muérame yo luego…” Asimismo, con la oración litúrgica del “Effetá” en el rito bautismal se pide a Dios que el niño recién bautizado pueda hablar más adelante de las maravillas de Dios. Creo que recordáis cómo hace tiempo os leía algunas cosas maravillosas que Dios ponía en labios de los niños sobre el amor y sobre Él mismo. Esto es efecto de la acción de Dios sobre la mente, el corazón y la lengua de esos niños a través del “Effetá”. Os refresco la memoria con dos ejemplos: “Cuando mi abuela se enfermó de artritis, ella no se podía agachar para pintarse las unas de los pies; mi abuelo, desde entonces, pinta las uñas de ella, aunque él también tiene artritis.” Rebeca, 8 años. “Dios debería haber dicho algunas palabras mágicas para que los clavos se cayeran de la cruz, mas El no lo hizo. Esto es amor.” Max, 5 años.
Pero este “Effetá” no tiene efecto sólo sobre los niños bautizados, sino también sobre todos los bautizados. Del mismo modo Dios a nosotros, a través de su Iglesia, nos abrió y nos abre los oídos y la boca para escuchar su Palabra y para proclamar su fe. Por tanto, en la Misa de hoy digámosle a Jesús que deseamos que nuestros oídos escuchen más sus Palabras, su Voluntad y menos las cosas de este mundo. Digamos a Jesús que deseamos que nuestra boca confiese más sus maravillas al mundo entero y que no nos callemos por vergüenza y por cobardía.
- Bien, es legítimo dar una explicación espiritual del evangelio que acabamos de escuchar, porque, además, es cierto, pero… no podemos dejar de lado el sentido primero y originario que tiene el evangelio y las lecturas de hoy. En el evangelio se nos muestra a un Jesús que se cuida y se preocupa de una persona que tiene problemas físicos, y no sólo espirituales y psicológicos: de un sordomudo. En las lecturas y en el salmo se nos muestra también a un Dios que se preocupa de los ciegos, los sordos, los mudos, los cojos, los sedientos, los huérfanos, las viudas, en definitiva, de los que padecen cualquier clase de pobreza.
Si Dios se preocupa de ellos, también nosotros debemos preocuparnos de ellos.
Dios nos puso a nosotros, sus hijos y sus discípulos en la fe, para que hagamos sobre ellos el “Effetá”. Supongo que ya sabéis que llevo la dirección espiritual de bastante gente. Pues bien, siempre a principio de curso una de las cosas que hago con las personas que vienen conmigo es el plantearles que piensen ante Dios una tarea o tareas para realizar durante dicho curso. Puede ser una tarea de tipo pastoral y eclesial: catequista, ayuda en Caritas, atención de ancianos en una residencia de monjas, estudio y formación en las cosas de Dios, pastoral de matrimonios y parejas jóvenes, etc. Puede ser una tarea meramente humana a favor los necesitados, aunque no sea en el ámbito de la Iglesia católica. Y hoy os llamo la atención a todos vosotros para que, en la medida de vuestras posibilidades reales, seáis capaces de ser “Effetá” en el nombre de Jesús para la gente que os rodea.
- No quisiera terminar sin hacer un comentario a la segunda lectura. Santiago nos plantea un caso muy sangrante, que a todos nos toca el corazón, pero en el que todos caemos de una forma u otra. Dice Santiago que, si a una Misa se acercan dos personas y uno va mal vestido y otro bien vestido, no nos dejemos llevar por las apariencias y hagamos más caso al que tiene mejor presencia y dejemos de lado al otro. Profundizando un poco vemos que lo que Santiago quiere decirnos es que tenemos que mirar a los demás con los ojos de Dios y no con los ojos del mundo o de esta sociedad. Y para explicar esto voy a poner un ejemplo que me pasó ayer mismo: resulta que ayer por la noche vi en la televisión una noticia, según la cual en un accidente de tráfico murieron 6 personas y 3 quedaron malheridas. Estaban estas 9 personas dentro de una furgoneta mal aparcada en un arcén en la curva de una carretera. Vino por detrás un camión que no la vio, no pudo hacer nada y la embistió violentamente con el resultado arriba mencionado. En un primer momento a mi mente y a mi corazón vino una pena tremenda por esas personas y por sus familias ante la pérdida de sus seres queridos. Pero enseguida el periodista dijo que los fallecidos y heridos eran rumanos, que estaban trabajando en España de temporeros. Y en mi mente apareció este mensaje: “Ah bueno, son rumanos”. Como que su muerte era menos atroz por no ser españoles y por ser rumanos. Enseguida reaccionó el Señor en mí y me dijo que eran hijos suyos, aunque fuesen rumanos. Su muerte era tan dolorosa para El como la de cualquier otro y el dolor de sus familias era igual a la de cualquier otra. ¿Por qué os cuento este caso? Pues para que veáis, como yo lo experimenté en mis propias carnes, que el modo de ver del mundo y de la sociedad se mete dentro de nosotros y tenemos que luchar una y otra vez para ver las cosas y las personas con los ojos de Dios. Por eso, Santiago me avisa hoy a mí, nos avisa hoy a todos nosotros para que no juzguemos “con criterios malos”, que son los de este mundo y que son contrarios a los de Dios.